Un alma subastada

¿Venderías tu alma? Yo no, dudo que se pueda hacer; aunque Herman Mehta, un estudiante de Magisterio de veintitrés años, la vendió hace un mes en eBay por 504 dólares. El joven aseguraba ser ateo y subastó su alma al mejor postor en la conocida página de encuentros comerciales de internet. Me resulta bastante cómico este suceso porque me acordé de que mi hermano vendió su guitarra eléctrica en la misma página web. Muchos de los objetos que podemos encontrar en las extensas listas de ventas de eBay tienen un precio superior al del alma de Herman Mehta. Yo me pregunto: ¿acaso se puede vender el alma como si fuera un simple objeto? Hay algo en este negocio que no me cuadra del todo. No sé que tipo de ateísmo profesará Metha pero si una persona se declara atea se supone que no cree en la salvación del alma: si no cree ni en Dios ni en la resurrección no debería considerar el tener un alma, y mucho menos venderla, claro. Pero aun así, como si de una mercancía vulgar se tratase, el joven recibió 41 ofertas. En la puja había dos bandos: los pastores evangélicos –intentando salvar al espíritu de Metha– y los que deseaban mantener lejos de la fe al alma del joven –el lado oscuro de la subasta–. Finalmente, el vencedor de la puja se encontraba en el lado del bien: Jim Henderson, un ex–pastor de Seattle que pagó los 504 dólares por tener la oportunidad de salvar esta alma –tres hurras por él–. En esta parte de la historia también me he acordado de la venta de la guitarra de mi hermano: él se la vendió a un valenciano y Seur se encargó del transporte. Me pregunto cómo sabría el señor Henderson que el joven le envió su alma a Seattle. Y, es más, ¿acaso el ex–pastor evangélico cree que el cuerpo puede vivir sin el alma? No entiendo nada. Se supone que no hay cuerpo sin alma. Escenas como éstas desembocan en una cadena de peguntas hipotéticas casi sin final: ¿si un ateo cree en la salvación de su alma es ateo?, ¿alguien ajeno puede salvar tu alma?, ¿es necesario vendérsela a ese alguien para que te la salve? y, es más: ¿este chanchullo puede llevarse a cabo en internet?
Yo creo que cada uno es dueño de sus cosas y con los temas metafísicos es mejor no jugar, o mejor dicho: es mejor no jugársela. Considero que no es ético hacer negocio con las creencias religiosas de los demás, y mucho menos utilizarlas para ser el centro de atención de medio mundo. Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.






