El chulo de playa

Todas las personas que van a la playa lo admiran, él lo sabe. Camina con aires de Humphrey Bogart luciendo un moreno ideal y observando siempre a su alrededor, escondido tras sus gafas de sol. Las guiris le adoran pero lo disimulan muy bien, o al menos eso es lo que piensa. A sus treinta años recién cumplidos, ducho en las técnicas del cortejo y un playboy nato, el chulo de playa madruga todas las mañanas para coger un buen sitio en la costa. Es una forma de vida, un arte que pueden desarrollar contadas personas en el levante español. El chulo de playa es consciente de esto y lucha a ultranza por conservar su caché en el litoral, no vaya a ser que otro gallito le quite el puesto.
Embutido en su bañador tipo slip de color rojo-pasión, que marca todo su poderío, se deja contemplar como un monumento de esas metrópolis históricas hundidas por los años; pero no le preocupa la soledad, está ahí para ser admirado. En un hombro lleva la toalla de delfines recuerdo de Mallorca y en el otro sostiene su loro con cintas del progressive más estridente que ha encontrado. Y así, día tras día amanece temprano para coger sitio en la playa y no encontrarse con el overbooking de la costa que sorprende a los poco madrugadores. Camina como un ave zancuda mirando con desdén a los demás hombres, estirando el cuello y babeando por las inglesitas veinteañeras que celebran su fin de curso en la playa. Sacando pecho y metiendo tripa, sin descuidar ni un solo día el moreno de su tez, deslumbra a todo ser viviente de la playa: tanto a las ancianas como a las adolescentes. El chulo de playa se ha convertido en una figura imprescindible en las escenas playeras, tanto es así que cuando falta cualquier día a su cita con la arena y el salitre se le echa más en falta que al socorrista.
¿Qué hará este hombre cuando acaba el verano?, se pregunta la gente. Y es que cuando la época estival se esfuma su ilusión se transforma en llanto y, mientras hace la maleta para regresar a casa, siente cómo la mejor época del año se ha perdido y deberá volver a restar los días del calendario hasta que el calor vuelva a las costas de la península.



