Solidarios

miércoles, agosto 23, 2006

Enajenación doméstica



Mi madre está enganchada a la televisión por cable. La observo desde el cuartito del ordenador. No se da cuenta. Ahora está viendo Anatomía de Grey, un tal Alex está en pantalla. Es un pipiolo en eso de la medicina y un poco pringao. Mi madre sigue hierática ante el televisor. Le encanta la FOX, y eso que todavía no ha descubierto la serie “Perdidos”, si le da por ponerla en un momento de aburrimiento nosotros si que la perdemos a ella. Veo un papel en sucio, lo arrugo y se lo lanzo para comprobar sus reflejos. ¡Diana!, ¡le he dado en toda la cabeza! Esta viva. Me mira, “Más te valdría estudiar”, me dice, y tiene razón, pero ya ha vuelto a girar la cabeza hacia el televisor. House también le pirra, no se pierde ni un capítulo de los suyos. Si yo fuera mi padre tendría celos del televisor. Pero a mi padre le da igual, él es feliz con su ordenador portátil. ¡Míralo aquí lo tengo a mi derecha!, yo en el fijo y él en su computadora desplegable. La verdad es que este cuarto de mi casa parece un ciber. Aunque ninguno de los dos estamos jugando. El que está jugando es mi hermano, en su cuarto, con la Play Station. Voy a otear su hábitat. Ahora vuelvo... Ya. Lo tendría que haber supuesto: está jugando al ISS pro evolution –Un juego de fútbol, como el FIFA de toda vida pero, según él, mucho mejor, porque es más difícil–. Como se puede apreciar en mi casa no hay mucha comunicación: una total enajenación doméstica. Yo no me libro tampoco, aquí estoy: con mi amigo el ordenador.